Deja vù

Cuando ví Blade Runner por primera vez andaba en mis primeros cursos de Físicas. Nada era tan posible ni tan probable como cada uno de los elementos tecnológicos de atrezzo o el concepto de replicante en sí mismo.

El detalle de la escama con una marca microscópica de ‘Made in Taiwan’ o el escaner-manejador de imágenes con el que Rick Deckard encuentra pistas como esa escama, me parecían superlativos.

Lo que durante años he pensado que había sido un fiasco era la maquina con la que se realizaba la Prueba de Voight-Kampf. No por nada, sino porque esa fijación en el iris de los entrevistados me recordaba más a una magufería que a otra cosa.

Empatía, cambios corporales, respiración, rubor, ritmo cardíaco… otro polígrafo para acabar de monstruo de feria en un programa de Teletetas…

Lo cierto es que hoy me he desayunado con la noticia de que un grupo de científicos británicos ha creado un sistema que, a través de un sofisticado escáner facial, es capaz de saber cuándo una persona no está diciendo la verdad

Realmente, cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

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