Como decía Kenneth Boulding, “quien crea que el crecimiento exponencial puede durar eternamente en un mundo finito, o es un loco o es un economista”.
La sociedad capitalista, tras la caída del comunismo y tal y como está estructurada, solo tiene dos posibilidades:
1.- La síntesis social-demócrata de los países del norte de Europa
2.- La síntesis dictatorial-capitalista de las antiguas potencias comunistas
Quizás uno de los grandes errores de las sociedad europea haya sido no tener la capacidad de exportar derechos de los trabajadores y democracia, valores asociados al estado del bienestar, y sustentar su propia estructura económica sobre las bases de la explotación más feroz del ser humano conocidas y ejercidas por parte de los denominados países emergentes.
Es cierto que las sociedades europeas del fin del siglo XX pretendían el reparto de la riqueza. Pero conforme caían los sistemas comunistas aparecía el autentico sentido de las sociedades basadas en los indicadores económicos: la ley 1111 de Clinton sólo fue el pistoletazo de salida del reajuste de las sociedades más igualitarias de finales del siglo pasado hacia el auténtico estatus de las sociedades basadas en el dinero:
Si todo el mundo tiene dinero, el dinero pierde su valor, razón por la que es necesario restringir la circulación del dinero, volver a la acumulación del poder y del dinero en unas pocas manos y la ‘puesta en valor’ de ese bien inútil de propósito universal que es el dinero.
Si el dinero se reparte entre todo el mundo, el dinero circula y enriquece, más o menos, a todo el mundo. Pero su valor decrece… ésta podría ser la razón oculta de las inflaciones descontroladas en las sociedades democráticas denominadas ‘del bienestar’.
Por este motivo, cuando se toman medidas económicas para controlar la inflación, dichas medidas van en la dirección de eliminar liquidez, retirar créditos, aumentar impuestos, reducir la inversión pública… es decir, dejar de repartir riqueza y ahogar el consumo interno.
Los que tienen un nivel de capital suficiente para que no les afecten tales medidas, tienden a restringir la circulación del dinero, produciendo un enfriamiento de la economía, reduciendo la inflación, pero aumentando las bolsas de pobreza sobre aquellos que ya se encontraban en el límite de la misma.
Resumiendo: se necesitan nuevos valores que sean la base de las sociedades y dichos valores deben ir en la dirección de la ética kantiana y de la integración con el entorno.
De no realizar esos cambios en un breve plazo, estaremos acumulando las condiciones suficientes para otra gran catástrofe a nivel mundial: la Tercera, y definitiva, Guerra Mundial.